Un bunker émotionnelle (dans le cirque de la vie)

Monsieur Crapaud D'AUSTRALIE-. "Olympe d'Atlesëse dans Le Cirque Australien". 2012, Tinta y color digital.
Monsieur Crapaud D'AUSTRALIE-. "Olympe d'Atlesëse dans Le Cirque Australien". 2012, Tinta y color digital.

"¡Puta, dos minutos!", espetó con desagrado una voz desde el interior de la penumbra. "¡Y no te olvides de lo que te han dicho antes!", terminó. Y Olympe lloró. Lloró por todo lo que tenía que soportar para demostrar su arte al mundo. Por todas los desprecios que soportaba de los poderosos, noche tras noche, para tener un público que la entendiese. Para encender en esas personas, durante unos pocos minutos, el amor hacia la música. 

 

Para ella, la vida era el escenario y todo lo demás no tenía importancia. Ni las vidas ajenas, ni la calidez de su rincón en el tercer carruaje de Le Cirque Australien, ni la luz del sol. La luz que ella buscaba era la de los focos. Tampoco su amor por Charles podía tapar todos los agujeros que herían su alma y la debilitaban día a día. Tristemente, sólo la admiración del público hacia su propia naturaleza la hacían sentirse plena. 

 

Aunque reconocía que a veces le emocionaba la idea de huir de todo ese micromundo que era el circo y volver a ver el mar, como cuando lo vio aquel verano. O escapar a cualquier otro sitio. Solía recordar aquellos alemanes que se llevaron a Veronique a Berlín, que hablaban de unas estructuras bélicas, los "búnker", que protegían a los soldados de ataques militares de tierra y aire. "¡Exacto!", se dijo. Ella necesitaba un búnker emocional, con el que escapar de su dura rutina, y que fuese su propio retiro espiritual. Necesitaba protegerse de nuevas heridas.  


"¡Un minuto!", exclamó Mimí, caminando rápidamente hacia la izquierda y desapareciendo entre las cortinas rojas. Cuánto la quería. De las pocas personas que lo hacían. Se levantó y se miró en el espejo. Cuantas heridas tenía en su corazón y que bella aparecía en ese mundo paralelo que se creaba. Porque lo era, aunque muchos la mirasen por las calles de media Europa con repulsión. ¿Y le tocaba soportar tanto sólo por unos pocos aplausos? ¿Por la reprobación de las cuatro o cinco personas que podían preocuparse por ella en Le Cirque? ¿O sería más feliz muriendo en el mar, sin respirar, dejándose llevar por el suave oleaje de la Costa Azul? ¿O era mejor huir a España y buscar el amor de su querido Charles? No, él, en realidad no la quería. Vivir o morir.

 

En su debate hamletiano se limpió los ojos llorosos, y probó la afinación de las cuerdas a la luz de una bombilla de cableado rudimentario. La femme-harpe estaba en París y no se iba a rendir. Su búnker debía permanecer como una estructura de protección constante en su cerebro, presente en todas y cada una de sus conexiones neuronales. Y seguir caminando. Porque algún día no tendría que sufrir ni demostrar nada. Sólo cabía esperar avanzando.

 

Sale. Música. Arte efímero que busca ser perpetuo y dejar una huella inexorable. Aplausos.

 

Monsieur Crapaud d'Australie

 

***

 

Premier Studio, Tarragona, 18 de marzo de 2012

 

Un búnker emotionnelle (dans le cirque de la vie) forma parte de Pseudés Ónoma o la voluntad de ser artistaun tratado literario sobre mi propia autodefinición como artista y persona, un compendio de prosa y poesía. La obra tiene prevista su publicación para inicios de 2014. Espero que os guste.

 

 Monsieur Crapaud d'Australie

 

 

[EL TEXTO DE ESTE ARTÍCULO DE BLOG ESTÁ BAJO LICENCIA CREATIVE COMMONS (CC) 2012 MONSIEUR CRAPAUD D'AUSTRALIE. ALGUNOS DERECHOS RESERVADOS.]

 

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