TIRASAPA

Aquí no se habla de humanos.

 

«Durante noches cálidas, cuando Cykel se encontraba tan cercana a la roja Arpada y a la dorada Laide, y soplaba un viento cálido en las montañas que custodiaban la ciudad de Diez Doce, Azazov y Tikorne miraban juntos las estrellas, tumbados en la hierba de la cima del Otomei. En raras ocasiones, tenían la suerte de ver cometas y meteoros surcar el cielo nocturno, y abrazados fantaseaban imaginando que aquella roca que cortaba la noche era la Tirasapa, que según los estudiosos de Ipana no era sino el astro originario, que desprendía vida allí por donde pasaba. Y abrazados creían fuertemente que era así, y que la Tirasapa dotaba de vida a su amor.»

 


 

«Sentía la fuerza de la Tirasapa en ella, recorriendo todos sus rocosos poros. Era la Bahama Mama.»

 


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